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October 22, 2017 / ergonomic

El desafío: aprender a pensar distinto

Cristóbal Cobo nació en Chile, se doctoró en España, investiga en el Instituto de Internet de la Universidad de Oxford, en Inglaterra, y dirige el Centro de Estudios Fundación Ceibal en Uruguay. Por esa trayectoria global y por sus interesantes publicaciones sobre el impacto de la cultura mediática en la educación, es una voz autorizada para conversar sobre innovación y formación docente. Estuvo en Lima invitado por el CADE por la Educación y aprovechamos el encuentro para hablar sobre lo que nos apasiona: los medios y el aprendizaje.

 

En tu libro Aprendizaje Invisible caracterizas una nueva sociedad habitada por knowmads, nómades del conocimiento que aprenden todo el tiempo y de todos los medios posibles. ¿Cómo relacionas esto con la educación mediática?

No sé si es causa o consecuencia. El hecho de que tengamos un bombardeo de estímulos, realidades, lenguajes y discursos tan intensos hace que nuestras identidades se transformen de manera más dinámica (pienso en los conceptos de nación, de sexualidad, de identidad política, por ejemplo). Creo que esto ocurre porque a través de los medios participamos de discursos globales que reconfiguran la identidad y la sociedad. Cuando preparaba una charla sobre la “generación Z” vi mucho humo sobre sus atributos y capacidades, pero donde hay consenso es sobre el hecho de lo parecidos que son entre sí a nivel global: probablemente alguien de esa “generación Z” y un “babyboomer” que viven en la misma casa sean más distintos que dos de la misma generación que viven en Lima y Tokio. Esto se debe al consumo transcultural que generan los medios y también incide en sus procesos formativos.

 

Se habla de la mediatización: el proceso por el cual los individuos somos atravesados por los medios. A pesar de esto la escuela persiste reacia a integrar los medios: ¿es por temor o por no saber cómo hacerlo?

Debemos dejar de centrarnos en el dispositivo, lo importante no es el celular o la tablet, y pensar los cambios en un nivel más cultural. Me atrevo a decir que un tercio de las escuelas ya están haciendo las cosas de manera distintas, pero la estructura no solo no fomenta nuevas prácticas sino que las invisibiliza y las hace parecer una pérdida de tiempo. El profe que quiere jugar con kahoot, por ejemplo, a veces es tratado como un derrochador. No creo que estemos aún cerca de una transición, pero sí que las cosas interesantes están pasando fuera de la escuela. Los estudiantes no están esperando que las clases de matemática estimulen su creatividad sino que están explotando otros canales para que esto suceda.

 

Muchos piensan la innovación tecnológica como la compra de dispositivos tecnológicos. En el Perú compramos más de 800 mil laptops del programa “Una computadora por niño” sin que produzca mucho impacto, mientras que en Uruguay el Plan Ceibal se reconoce como un proyecto exitoso. ¿Qué hicieron distinto?

Para empezar diría que pasa algo más básico aún: la innovación se piensa como tecnología y se dice que sin tecnología no se puede innovar. No es cierto. Ahora bien, Uruguay tiene características especiales en América Latina: es un país más chico, más ordenado, más laico y con un estado social más fuerte. Pero además en el proceso de este proyecto hubo mucho aprendizaje y reinvención, empezó como una política de inclusión social, no como la escuela 2.0 o del siglo XXI de la que se habla ahora. Diez años después, la entrega de equipos e infraestructura se sigue dando, pero ya no es lo central.

 

¿Cuál fue el punto de quiebre?

En Uruguay se habla de 3 estadios: el primero fue de provisión de equipos; el segundo fue la capacitación en el uso de software; y el tercero, que es el de hoy, en que se piensa en maneras distintas de aprender en un ecosistema de innovación más allá de las máquinas. En el proceso se contrató al Dr. Michael Fullan para revisar el sistema y él planteó cambiar el lenguaje y el enfoque para formar redes de escuelas que funcionen como laboratorios; se empezó a hablar de docentes que aprenden y no solo enseñan y se desinstrumentalizó la idea de innovación. Si bien Plan Ceibal es una política interesante en la región –para empezar porque viene durando más de diez años– tampoco podemos decir que todos los profes son digitales o que no hay resistencia. Lo que sí existen son condiciones para que el que quiera innovar pueda hacerlo y tenga herramientas para conectarse con otros que hablan su mismo lenguaje.

 

¿El sistema del que nos hablas ha impactado también en la formación inicial docente?

En los años que llevo en Uruguay no lo he visto con la misma celeridad. Sin embargo, ahora viene un proyecto lindo que es promover la formación de pensamiento computacional a nivel nacional. Y esta transformación no consiste en meter un ladrillo más al currículum sino que fue diseñada con los mismos profes y con mecanismos de capacitación para llevarlo a gran escala. El desafío no está en usar el dispositivo, sino aprender a pensar distinto.

 

¿Cómo estos nuevos paradigmas deben gravitar en la formación de los docentes?

Creo que partimos de una deuda, porque lo sensato es atender los temas en un momento temprano en vez de hacer capacitaciones a posteriori. En educación sabemos que la inversión en primera infancia es más efectiva que en secundaria y esa misma racionalidad se puede llevar a la preparación de profesores. Tenemos que ampliar el mapa cognitivo de los futuros docentes.

 

En tu reciente libro La innovación pendiente señalas que el docente debe ser más que un facilitador de tecnología: ¿qué tipo de educación mediática debe tener el profesor?

En América Latina tenemos muchos clichés: hablamos del proceso de aprendizaje centrado en el estudiante, por ejemplo, pero en el aula no sucede porque el docente no siempre conoce el poder de los medios. El docente debe ser un facilitador porque ya no es la fuente de la verdad, pero debe tener recursos mediáticos suficientes para buscar esa diversidad de miradas. Internet permite una mirada polisémica, pero no se explota en ese sentido… Es como tener un auto Ferrari con ruedas de madera.

 

(Fuente: educared.fundaciontelefonica por @juliussinmundo)

 

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